sábado, 10 de noviembre de 2012

Sin amor no hay comunidad, y sin normas no dura.

Durante demasiados años, multitud de intelectuales y artistas han persistido incansablemente en desmontar todo tipo de normatividad, legal y moral, que restringiera la libertad del individuo. Se podría decir que, a día de hoy, su proyecto ha triunfado en gran medida, que somos más libres de lo que lo habíamos sido nunca. Por fin cada individuo puede expresar su identidad y particularidades sin cortapisas, salvo excepciones muy puntuales. Visto así, lo normal sería pensar que la sociedad debería mostrársenos de lo más variopinta y diversa. El problema es que no es así. Incluso me atrevo a decir que no ha habido sociedad menos expresiva y tan homogénea como la actual. ¿A qué se debe esta contradicción? Muy sencillo. No es una contradicción, ya que, de hecho, esa supuesta libertad no es tal, o no tan amplia como muchos quieren pensar.

Ante la permanente crítica a la que se han visto sometidas por filósofos, feministas, teóricos pro derechos de las minorías, partidarios de la tolerancia cero contra el intolerante, etc, las normas sociales, lo que establece qué es lo normal y qué no, no han desaparecido, simplemente se han sutilizado y se hallan más ocultas. Debido a la aceptación implícita e inconsciente de diversas normas sociales, la singularidad de los individuos se restringe a meras actitudes superficiales. Pero la solución no es escarbar más para tratar de desvelar eso que muchos asumimos inconscientemente, para someterlo a crítica, pues ello simplemente llevaría a que se sutilizara todavía más. Librarse por completo de las normas sociales es una quimera y nada deseable si de hecho fuera posible. La cuestión es asumir de forma consciente las nuevas normas que nosotros, como comunidad y como individuos, elijamos darnos, y que no sean sólo aquellas normas que tratan de proteger a la individualidad.

Todo esto no significa que haya que renunciar a la crítica negativa de las convenciones sociales. Pero la posmodernidad la ha llevado al extremo de la pura paranoia, produciéndose constantemente situaciones en las que cualquier actitud, incluso una simple palabra, se considera una violación del derecho de otros a ser diferentes. Muchas personas se ven ofendidas por el simple hecho de que se les intente convencer de algo. Cada uno piensa de una manera y por lo visto siempre hay que respetar que piense distinto. Pues no. No tengo porque respetar una determinada forma de pensar. Yo respeto a las personas. En fin, el problema es que la gente no está acostumbrada a discutir; rehuye cualquier tipo de conflicto. Pero sin conflicto no hay verdad, sólo solipsismo. Si alguien dice que pasa de la política o que el cine es un mero entretenimiento, voy a hacer todo lo posible por convencerlo. Porque, nos guste o no, vivimos en una sociedad; lo que otros piensen determina como van a actuar y, por tanto, me afecta. Así que me veo con derecho a inmiscuirme en su individualidad.

En un contexto en el que tratamos de reprimir nuestros impulsos de intervenir en la individualidad de otros, son los imbéciles que no saben autogestionarse los que acaban imponiendo su criterio sin saberlo. El problema no es la tolerancia, sino la tolerancia impostada, máscara del nihilismo más abyecto y la total falta de respeto por la vida y lo humano. Éste es el gran monstruo del liberalismo que ensalza las virtudes del individuo y lo sobreprotege manteniéndolo en una burbuja, creando así un individuo débil, incapaz de enfrentarse al mundo. Yo defiendo un individuo fuerte, que no tema al conflicto o incluso le vaya al encuentro. Pero este individuo fuerte no surge de la nada (ningún individuo, en realidad). Necesita de una comunidad fuerte, que le inculque unos valores, lo eduque y lo instruya desde joven, para que cuando sea adulto pueda enfrentarse al mundo. Pero no hay comunidad posible sin ciertas normas que la sustenten. Solo que hace tiempo que el liberalismo acabó por aniquilar cualquier tipo de normatividad y, por ende, toda forma de comunidad. Lo cual le viene de maravilla al capitalismo. Así, sin comunidades que doten de expresividad propia y autónoma a la sociedad, los individuos se convierten en esclavos del sistema de producción de ficciones capitalista-estatista. Una sociedad -entiéndase aquí sociedad como algo distinto de comunidad, como una amalgama de individuos y comunidades- que sólo es capaz de reconocer como normas a las leyes, es una sociedad alienada, incapaz de responder ante la adversidad y dependiente de unas instituciones paternalistas.

Tampoco es cuestión de ponernos nostálgicos y tratar de volver a las formas de comunidad previas a su desaparición. Hay que tratar de formar comunidades nuevas, aunque sin renunciar a la memoria del pasado. Debemos ir al encuentro de unos con otros, buscar aquello que tenemos en común, dotarnos de ciertas normas mínimas que le den estabilidad y comenzar a producir una ficcionalidad con la que podamos dar cuenta de la realidad de forma autónoma. Pero para ello hay que renunciar al universalismo, a la pretensión cristiana y marxista de crear una comunidad universal. Porque eso sólo es posible precisamente mediante la destrucción de cualquier comunidad, de toda anomalía que amenace la uniformidad de la sociedad. Y nada está teniendo más éxito en esta empresa que la globalización capitalista: cada día parece más plausible un mundo sin fronteras físicas o mentales en el que el individuo pueda moverse sin obstáculos, pero sin refugio alguno, siempre a la intemperie. Por otro lado, el nacionalismo tampoco es la respuesta, pues en el fondo también es universalista. Siempre trata de fagocitar dentro de sí a todo lo diferente. No, la comunidad no puede surgir desde una determinada creencia, frontera física o sistema económico-político. La comunidad sólo surge de la intimidad compartida y del amor que se da en dicha intimidad. Observad el mito de Adán y Eva como fundación de la primera comunidad humana mediante el amor. Toda comunidad es siempre excluyente: ni trata de fagocitar al diferente, ni lo acepta dentro de sí. Eso no quita para que una comunidad no pueda establecer vínculos con tras comunidades o individuos y formar una sociedad, sin por ello renunciar a su singularidad.

Ahora mismo nos hallamos muy próximos al estado de naturaleza que filósofos como Hobbes o Rousseau trataron de atisbar. Entiéndase el estado de naturaleza como el momento previo a la formación de la comunidad humana y a la civilización. Es en las situaciones revolucionarias, en los momentos de colapso de la comunidad, cuando el hombre vuelve a su estado de naturaleza originario. Un orden se rompe y surge una situación de caos que da lugar a un nuevo orden. Solo que ahora -y hablo en términos generales- nos hallamos en una revolución permanente. La comunidad destruida no ha dado lugar a una nueva comunidad. Y así nos encontramos en un indefinido estado de naturaleza: individuos aislados que luchan por su supervivencia sin crear nexos duraderos entre sí; una brutalización constante; una vida entregados a los placeres más bajos y efímeros; un deambular por el desierto solitarios y sin destino, presos de los espejismos. No somos nómadas, pues para el nómada el desierto es sólo parte del camino entre oasis y oasis. Pero nosotros no sabemos parar: siempre en perpetuo movimiento y permanentemente cansados. Lo más triste es que creemos ser libres en el desierto, pero sólo somos ganado. Nosotros somos migrantes sin hogar, meros náufragos. Lo que tenemos que hacer es pararnos, pensar y compartir, nada más. Nunca pensé que diría esto, pero lo más subversivo en estos tiempos, aunque parezca extraño, es ser conservador. Debemos mantener lo poco que nos queda de civilización y reconstruirla desde ahí.

5 comentarios:

  1. "Nunca pensé que diría esto, pero lo más subversivo en estos tiempos, aunque parezca extraño, es ser conservador"... un pensamiento que comparto, aunque sea de los que hay que decir con la boca pequeña por aquello del escarnio. Quizás lo suyo sería encontrar una nueva palabra que sea trasversal a la dicotomía entre progresismo y conservadurismo. ¿meta-progresismo, quizás? un tema delicadísimo para nuestra civilización, y en nuestras manos está enmendarlo. Gran post,un saludo!

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  2. Oh! no sabes lo que me alegra que alguien me comente, y más siendo tú.

    Efectivamente, cuando digo conservador quiero decirlo en un sentido muy distinto al de la conocida corriente política. De hecho, opuesto a la misma. Ya que los conservadores típicos, tal como yo lo entiendo, siempre han defendido la noción ilusoria de una comunidad que abarque a toda la sociedad, con el Estado como gran pater familias que garantice la seguridad y la Iglesia como guardiana de unos valores únicos para todos. Yo hablo de conservar LAS comunidades y, a la vez, sospechar de cualquier discurso antinormativo. No sé, podríamos llamarlo esquizoconservadurismo o conservadurismo selectivo (por eso de que habrá que conservar unas cosas sí y otras no).

    ¡Muchas gracias por comentar!

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  3. No hay ni una sola comunidad que haya encontrado sin normas. Aún la sigo buscando. Sigue habiendo censura sexual y vulgar en la mayoría de sitios web.

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    1. Quien quiera censura que vaya a sitios con censura pero que dejen un hueco a otros, el page rank de google posiciona por fama y los que se llevan la fama son los que ya están, para haber webs nuevas piden que la nueva web sea enlazada, y por ello no podre una web de políticas subversivas a las famosas ser enlazada porque sin participación de su administrador, sometida a las normas de estas webs famosas, no podra hacer que buscando 'Comunidad sin normas' aparezca. La mía aun tendría normas de carácter legal pero no prohibicionismos abstractos como lo de 'No molestar', y en algunas webs que van de jijiji jajaja comentar el daño que me han hecho en la escuela, (ya ni siquiera me refiero a decir una palabra vulgar o una expresión sexual), teniendo yo una foto de un careto de dolido y agresivo ya es un sentimiento de molestia para ellos...

      2004-2013 , buscando un sitio para sacar el dolor que me han hecho para volver a poder estar solo sintiéndome bien sin que en todos sitios me digan lo mismo de lo que no tengo que decir haciendo que no sea yo aun pudiendo serlo en parte legalmente sino el frío y maldito malvado texto de registro. PD soy negativo13, que no se si me aparecerá como Anónimo el comentario

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  4. PD con amor no se si habra comunidad pero con miedo dolor furia y odio tambien puede haber comunicacion. Maria teresa valls, espero que sufras toda tu maldita vida por el daño que me hiciste.

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